Marcela y su marido estaban comiendo con sus hijos de 2 y 6 años en un club. De repente, el más chico comenzó a toser. Se había metido en la boca una moneda que el mozo había dejado sobre la mesa. El padre, rápido de reflejos, lo levantó, lo inclinó hacia adelante, le golpeó la espalda y la moneda salió expulsada. La situación, frecuente, tuvo final feliz, pero muchas veces, los objetos extraños que los niños introducen en la boca pueden ser la causa de graves lesiones y hasta de asfixia. “El cuerpo extraño que sacamos con más frecuencia es la moneda. A veces se queda detenida en la parte alta de la garganta y es necesario extraerla mediante una endoscopia. Otras veces sigue el trayecto hacia el estómago, y allí, en general, sólo es cuestión de esperar a que el niño la evacue”, relata el cirujano Semy Seineldin quien en sus años de carrera lleva extraídos más de 700 cuerpos extraños del esófago y otros 300 de la tráquea de centenares de chicos, aunque también de algunos adultos.
   Los accidentes por ingesta de cuerpos extraños son motivo de consulta todas las semanas. Así lo corrobora Sandra Cagnasia, pediatra del servicio de emergencia del Hospital de Niños Víctor J. Vilela. La médica señala que además de las monedas es común que lleguen a la guardia niños que se tragaron arandelas, botones, pelotitas, juguetes pequeños: “Siempre les decimos a las madres que un chico de menos de 5 años no puede jugar con objetos que pasen por el tubo del papel higiénico. Esa es la medida de control. Todo lo demás puede ser altamente peligroso”. Incluso, menciona que los maníes y las semillitas de girasol no deben ofrecerse ni dejarse a mano de niños. “Hemos visto accidentes gravísimos con alguno de estos elementos”, agrega.
   Un objeto extraño que se introduce en la boca puede tomar dos caminos: el esófago o la tráquea. En el primero de los casos pasa a la vía digestiva y el niño lo ingiere, explica Seineldin. “Lo habitual es que el objeto impacte en el extremo superior de lo que conocemos como garganta. La criatura comienza con mucha salivación, sensación de náuseas y vómitos. Si el chico tiene menos de 1 año hay que intentar tomarlo por los pies, y una vez que está de cabeza golpearle la espalda. Si ya es un chico más grande pueden colocarlo sobre la falda, apoyando el tórax sobre el piso y golpearlo. En todos los casos hay que acudir al servicio médico más cercano”.
   Si el objeto en vez de ir hacia el esófago va a la tráquea, la situación es aún más riesgosa. “Si el niño está corriendo o se está riendo o llorando y tiene un objeto en la boca puede realizar una inspiración profunda y el cuerpo extraño se impacta en la tráquea. “El cuadro de penetración de un cuerpo extraño en tráquea y bronquio es severo. Tiene dos síntomas claros: el espasmo inspiratorio —el chico intenta respirar y no puede por lo que se desespera— y luego la tos que no para”, destaca Seineldin. “Hay que intentar la misma maniobra que explicamos antes, sin embargo, lo más recomendable es correr al centro médico más próximo”.
   En ningún caso, explicaron los profesionales, se deben introducir los dedos para sacar el objeto.

Ojo con la comida. Los “ahogos” por cuerpos extraños o simplemente con comida son habituales después del 5º mes de vida cuando el chico comienza a tocar todos los objetos que están a su alrededor y se los lleva a la boca. Pero lo más habitual, señalan los médicos, es ver estos casos en niños de entre 1 y 4 años. Seineldin agrega: “Llamo la atención a las madres, los padres, abuelas y cuidadoras para que nunca le den de comer al niño cuando está distraído. Que nunca lo persigan con el tenedor o la cuchara con comida mientras está jugando. Cuando la criatura está haciendo otra cosa suceden los accidentes por comida. Hay chicos que se han asfixiado con papilla con carne picadita”.

También en adultos. Las lesiones o muertes por cuerpos extraños siguen siendo un tema de preocupación médica en todo el mundo. “Existe la llamada muerte del restaurante. Sucede cuando una persona está comiendo copiosamente, generalmente bebiendo alcohol, charlando, riéndose. De repente se para, se toma la garganta y cae al piso. Todos creen que fue un infarto y resulta que un trozo de comida había impactado entre las cuerdas vocales y se asfixió”, dice Seineldin.
El cirujano pide que la gente “coma tranquila, sin ansiedad, sin discutir, que corte trozos pequeños, que nunca ingiera pescado si hay poca luz ni lo acompañe con puré o ensalada porque entonces no ve lo que se está introduciendo en la boca”, además, advierte: “El alcohol suele lentificar los movimientos deglutorios”.
 En tanto, recomienda acudir siempre a una consulta médica. “Aunque el adulto o el niño tengan la sensación de que el cuerpo extraño ya pasó, hay que ver al médico. En todos los casos estos objetos deben extraerse porque hay riesgo de infección. Para eso es necesario un estudio exhaustivo y en algunos casos, hasta una intervención quirúrgica”.
"Fue más que un susto"
Nicolás estaba al cuidado de una tía. Con sólo 3 años tenía toda la curiosidad del mundo. Abrió el monedero y sacó una moneda de 1 peso. Con la astucia y la rapidez que tienen los niños a esa edad, y en menos de que la tía pudiera reaccionar, se la metió en la boca, y la tragó. Su mamá, Fernanda Luzzi, recordó ayer con preocupación aquel momento: “Me llamaron al trabajo, volví corriendo y él ya estaba bien, pero de repente dejó de hablar. Lo llevé a la guardia del Hospital Italiano y cuando estábamos allí empezó a vomitar. La moneda estaba atorada en el esófago”.
   A “Nico” le hicieron una radiografía y detectaron que el problema era severo y que había riesgo de infección. Finalmente extrajeron la moneda con la técnica de laparoscopía. Para eso tuvieron que anestesiarlo. “Estuvo un día en terapia. Fue más que un susto, fue horrible”, dijo la mamá, quien aprovechó la oportunidad para pedirles a los padres que “traten de no dejar objetos pequeños cerca de sus hijos, y sobre todo, que les enseñen que hay cosas que no se deben poner en la boca”. Finalmente Fernanda señaló: “En el hospital me explicaron que son peligrosos hasta los chupetines con bolitas; y pensar que una se los da tranquilamente...”

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