muy loco
Nada le dije, yo qué sé. Ya tengo.
ALGUNOS VAN de vacaciones y se traen
tardecitas en la playa de recuerdo, paisajes
que no pueden describir, siempre todos
comentan los hoteles y los precios.
Cuando Edu se fue de mochilero
al Paraguay me contó a la vuelta: "Yo quería
comprar un porrito en la frontera y vino un tipo
con un pibe a upa. Me lo ofeció también
por unos mangos ¿podés creerlo?". "Sí ¿Que
le dijiste?". "Nada le dije, yo qué sé. Ya tengo".
Paula Jiménez.-
Paula Jiménez es psicóloga y escritora. En poesía publicó “Ser feliz en Baltimore” (Nusud 2001), “Formas”, libro y cd junto a la cantante Valeria Cini (Terraza 2002), y “la casa en la avenida” (Terraza 2004), con el que obtuvo en 2003 una mención del Fondo Nacional de las Artes. En 2006 recibió el Primer Premio Nacional de Literatura Tres de Febrero y el Hernández de Plata en categoría Poesía. Sus libros “Espacios naturales” (poemas) y “Pollera pantalón” (narrativa) permanecen inéditos. Su cuento “Aventuras de Eva en el planeta” fue editado en Barcelona, España (Serena Ediciones, 2005). Textos suyos integran diversas antologías argentinas e hispanoamericanas. Es colaboradora de la revista “Hablar de poesía”. Coordina talleres desde 2001.
Blog de la escritora:
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Comentario del libro:
La mala vida
Paula Jiménez
Bajo la Luna2007
Pp 27
por Leonor Silvestri
El nuevo libro de Paula Jiménez se llama La mala vida y ese nombre, junto a la potente cita del poeta maldito Antonin Artaud (Soy el único juez de lo que está en mí), pone al público lector de sobre aviso acerca de lo que aquí se encuentra. No es éste el típico libro que el mandato dicta una mujer debe escribir: ni las señoritas del amor, ni las intelectuales postmodernas, Paula Jiménez escribe como mujer, acerca del lugar de la mujer, y sus interlocutores, en la larga cadena de participantes en la adicción a las drogas, pero sin un sesgo de moralina, compasión o descanso.El proyecto tácito de La mala vida parece ser hacer poesía y hablar poesía con lo que no se dice y no se habla, a través de poemas que dejan sin aire (“no va a ser mío si te pasa algo, el forro está entero,…No digo palabra. Desde acá/ te veo ir hasta el baño, arrojar los residuos/ en el tacho y abrir una canilla/ oxidada. Escucho caer el agua todavía/ que hace diez años te lavo las manos.). El lector desciende a un submundo con sus historias más truculentas y fascinantes de dealers mujeres bolivianas, bebés disecados de droga, policía mafiosa, aguantaderos, y todo su sutil trasfondo político y social de abandono y desesperación de aquellos, incluso, que parte de la sociedad tilda, aún hoy ,cromo “criminales”, y divide las aguas entre unos y otros: “Algunos se van de vacaciones y se traen/ tardecitas en la playa de recuerdo…/Yo quería/comprar porrito en la frontera y vino un tipo/con un pibe a upa. Me lo ofreció también/ por unos mangos…”. El texto poético es narrativo y minimalistas, sin metáforas, despojado de toda torpe adjetivación que oculte o modalice. Los 18 poemas de este breve libro dejan actuar sus historias a través de los cortes de verso que hieren como navajas con su realidad (Mis cosas son más mías que mi cuerpo/y todo cuelga ahí, en el respaldo de una silla/ chueca. De pronto esta mentira en la que creo/ ser dueña del desastre no me importa.)La mala vida ni condena ni contiene, ni reprime ni explícita de más (“casi llegamos a tener/ lo que queríamos, una vida al revés/ de los demás, pero era igual.”), y allí radica una de sus mayores originalidades de este contundente texto que, con la fuerza de sus palabras, se hará un lugar entre los libros de culto.

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