Damiel desea vivir en el tiempo más que en la eternidad, tener un cuerpo, experimentar placer físico y obrar recíprocamente con los seres humanos. Y por supuesto, una vez que él ve a Marion, su búsqueda se centra en ella, y convertirse en un hombre será para él convertirse en su hombre.
Monólogo final de Marion, hablando a Damiel:
¡Debo poner fin a la coincidencia! ¡La Luna Nueva de la decisión! ¡No sé si hay destino, pero hay decisión! ¡Decide! Ahora somos el presente. No solamente toda la ciudad, el mundo entero está participando en nuestra decisión. Ahora nosotros somos más que dos. Nosotros hemos incorporado algo. Estamos situados en la Plaza de la gente, y la plaza está llena de gente que desea lo mismo que nosotros. Nosotros decidimos por todos. Estoy lista. Es tu turno ahora. Tienes el juego en las manos. Ahora o nunca. Me necesitas. Me necesitarás. No hay historia más grande que la nuestra. La de un hombre y una mujer. Será una historia de gigantes, invisible, trascendente, una historia de nuevos ancestros. ¡Mira, mis ojos! Son la imagen de la necesidad, del futuro de todos en la Plaza. Ayer por la noche, soñé con un extraño, con mi hombre. Solamente con él puedo estar sola, abrirme a él, completamente abierta, dejar que todo él entre en mí completamente, toda para él, totalmente para él, rodearlo con el laberinto de la dicha compartida. Sé que sos vos.