Por todo el sureste asiático existen tradiciones sobre pigmeos salvajes que habitan en las selvas. También en occidente, desde Ctesias y Megástenes, los primeros autores que escribieron sobre la India, en los siglos IV y III a.C., se han propagado historias sobre la existencia de pigmeos y de seres mitad humanos y mitad animales en aquellas regiones.
Se podría pensar que estas leyendas tienen su origen en los negritos, una raza de pigmeos que habita en algunos lugares del sudeste asiático. Aunque en la actualidad sólo sobreviven en la península malaya, las Filipinas y las islas Andamán, es probable que se trate de la primera oleada de Homo sapiens que entró en Asia, desplazada más tarde por razas de mayor estatura. Los negritos, llamados aetas en Filipinas y semang en Malasia, alcanzan una estatura cercana al metro y medio. Tienen la piel muy oscura y el cabello corto, rizado y lanoso; en el resto del cuerpo no tienen prácticamente nada de vello. El cráneo es braquicéfalo, la cara redondeada, la frente estrecha y el mentón huidizo. Tienen los labios gruesos y carnosos, y la nariz ancha y plana, con orificios nasales muy grandes. Los pies son grandes. Viven semidesnudos, en grupos familiares nómadas, ocultos en las selvas más espesas. Raramente cultivan la tierra. Se alimentan de raíces, peces, monos y otros animales. Duermen en los árboles, y a veces construyen chozas muy rudimentarias.
Pero las descripciones de los pigmeos salvajes no concuerdan en absoluto con el aspecto y el comportamiento de los negritos. La descripción habitual de estos pigmeos salvajes se refiere a pequeños humanos, de poco más de un metro de estatura, con todo el cuerpo cubierto de un espeso pelaje, generalmente rojizo. En Malasia los llaman hantu sakai; en Borneo, los batutut dejan huellas triangulares de 10 centímetros de ancho por 15 de largo. Incluso en algunas islas del Pacífico se han descrito hombrecillos velludos semejantes, como los menehunes de Fiji.
Para algunos autores se trata de una especie de gibón [Hylobates] que ha abandonado la vida arborícola, o de un simio emparentado con el orangután [Pongo pygmaeus], pero la marcha bípeda de esos desconocidos hombrecillos es más semejante a la de los seres humanos que a la de los monos.
Nittaewo
En Sri Lanka habita una raza de cazadores-recolectores, los vedas, o wanniya-laeto, descendientes directos de los primeros pobladores neolíticos de la isla. Entre las tradiciones orales de este pueblo se halla la historia de los nittaewo, una raza de pigmeos salvajes que habitaban en las montañas del sureste de la isla. Se trataba de seres humanos de entre noventa y ciento veinte centímetros de estatura, con el cuerpo desnudo, brazos cortos y fuertes y manos pequeñas con largas uñas. No poseían lenguaje articulado, sino que se se comunicaban con una especie de gorjeo que sólo unos pocos vedas podían comprender. Vivían en pequeños grupos en cuevas o en refugios rudimentarios que se construían en los árboles. Se alimentaban de pequeños animales, que cazaban sin armas y devoraban ayudándose con sus largas garras.
Los vedas y los nittaewo eran enemigos. Frecuentemente, los nittaewo robaban la carne puesta a secar por los vedas y, si encontraban a uno de éstos dormido, lo destripaban con sus garras. Pero los vedas, más grandes y fuertes y armados con arcos y flechas, vencieron al fin: A finales del siglo XVIII, lograron atrapar a los últimos nittaewo en una cueva; durante tres días alimentaron un gran fuego ante la entrada, y todos los prisioneros murieron asfixiados.
Aunque la existencia de los nittaewo no ha sido confirmada con pruebas materiales, las descripciones de su aspecto y comportamiento recogidas desde hace más de un siglo de tribus de vedas muy alejadas entre sí coinciden asombrosamente.
El británico William Charles Osman Hill, uno de los primatólogos más destacados del siglo XX, propuso en 1945 que se trataba de una forma insular enana de Homo erectus.
El ebu gogo
Sorprendentemente, sesenta años después de la hipótesis de Osman Hill se ha descubierto que una especie como la propuesta existió en la isla de Flores (Indonesia) hasta fechas muy recientes: el hombre de Flores [Homo floresiensis]. Se trata de un homínido semejante al Homo erectus, con una estatura de alrededor de un metro, cuyos restos subfósiles datan de hace sólo 13.000 años. Son los restos pertenecientes a una especie humana distinta del Homo sapiens más recientes que se han encontrado hasta la fecha.
En esa misma isla también se han recogido relatos sobre los ebu gogo ("la abuela que se lo come todo"), unos pigmeos peludos de brazos largos y vientre prominente que hasta la llegada de los holandeses en el siglo XIX eran una auténtica plaga en la isla. Según los nativos, poseían un lenguaje, y eran capaces de repetir frases en indonesio como los loros. Podían trepar a los árboles.
El orang pendek
Desde los primeros años del siglo XIX se tienen noticias de la presencia, en la mitad meridional otra isla indonesia, Sumatra, de unos pequeños seres aún más parecidos a los humanos. Su estatura varía entre treinta y ciento sesenta centímetros. Su piel es pardo-rosada, cubierta de un pelaje corto castaño oscuro o negro. Tienen una larga y espesa cabellera, generalmente de color negro azabache, aunque algunos individuos son rubios o castaños. La cara, lampiña, parece humana; tienen la frente alta, las cejas espesas, los ojos oscuros, la nariz y la boca anchas; los dientes son amarillentos, con los caninos desarrollados; la barbilla es afilada, pero huidiza; las orejas son iguales que las del hombre. El tórax es ancho. Los brazos son más cortos que los de los orangutanes y gibones, pero más largos que los del ser humano; no llegan hasta la rodilla. El dorso de las manos está cubierto de pelo. Las piernas son cortas. Aparentemente carecen de cola.
A diferencia del ebu gogo, el orang pendek es inofensivo y muy tímido. Habla un lenguaje incomprensible, y a veces gruñe. Cuando se ve sorprendido, emite un penetrante "boooooo", y su grito de alarma es un escalofriante "vraaaaag".
Casi nunca sube a los árboles. Se alimenta de brotes y frutos, jengibre, termitas, polluelos, moluscos y crustáceos de agua dulce, serpientes y gusanos que encuentra debajo de las piedras y troncos caídos. Su fruta preferida es la del durión [Durio zibethinus]. A veces asalta las plantaciones de bananas y de caña de azúcar, y roba arroz, pescado seco y piñas. También se le ha visto alimentarse de la carne de animales caídos en trampas puestas por cazadores humanos.
Las huellas que se atribuyen a estos seres presentan cierta variabilidad, pero son siempre muy diferentes de las de los orangutanes y gibones. Se parecen a las de los niños humanos, aunque su forma es más triangular.
Los pueblos de las diferentes regiones de Sumatra, que les distinguen perfectamente de las especies conocidas de primates que habitan en la isla, le han bautizado con diversos nombres: orang pendek o pandek ("hombrecillo"), orang letjo ("farfullero"), orang gugu, atoe pandak, atoe rimbo, sedapa, ijaoe, goegoeh, sedabo, sindai... Como ocurre con muchos animales desconocidos, y especialmente con los seres de aspecto humano, se le atribuyen caracteres fabulosos. Se dice que tiene un solo ojo en medio de la frente, que está dotado de una fuerza sobrehumana, que trepa a los árboles con la agilidad de los gecos, y que es capaz de transformarse en tigre. Todo aquél que acampe en la selva sin dejarle una ofrenda de tabaco (o, en su defecto, de musgo seco) en el exterior del campamento, sufrirá el acoso de estos seres, que durante toda la noche armarán jaleo para no dejarle dormir. Se le acusa de quitar la lana a las ovejas para fabricarse un colchón para dormir, pero, por otra parte, ayuda a los que se pierden en la selva. También se dice que camina con los pies girados hacia atrás. Es probable que el origen de esta curiosa creencia sea la confusión de sus huellas con las del oso malayo [Ursus malayanus]. Este animal, de metro y medio de altura, tiene la costumbre de ponerse en pie sobre sus patas traseras, lo que a cierta distancia y en el claroscuro de la jungla podría inducir a confundirlo con un orang-pendek. Sin embargo, es incapaz de caminar, y por supuesto de correr, en esa postura erguida. En las huellas de sus patas traseras, semejantes a algunas de las atribuidas al orang-pendek, el dedo mayor no es el primero, como en las de los seres humanos, sino el quinto; además, sus garras son parcialmente retráctiles, por lo que a veces no dejan marcas en el suelo. Estas huellas, interpretadas en términos humanos, pueden llevar a la conclusión de que el animal camina con los pies vueltos del revés.
En octubre de 1923, un colono holandés llamado van Herwaarden tuvo un encuentro singular con uno de estos seres en el sureste de la isla. Al caer la tarde, durante una cacería de cerdos salvajes, un movimiento en un árbol llamó su atención. Al acercarse, descubrió a uno de estos hombrecillos acurrucado contra una rama, tratando de pasar desapercibido. Pudo observarlo durante unos minutos, pero, cuando intentó trepar al árbol para verlo más de cerca, el orang-pendek emitió un plañidero "hu-hu", que fue respondido desde el interior del bosque, y, poco después, saltó al suelo y se dio a la fuga. El colono apuntó su rifle en dos ocasiones, pero en el último momento fue incapaz de disparar; según su relato, sintió que iba a cometer un asesinato. Esta reacción no es inusual; se repite con frecuencia en encuentros de cazadores con criaturas humanoides.
En 1927, se encontraron huellas atribuidas a un orang-pendek alrededor de una trampa para tigres en el sur de la isla. En el interior de la trampa aparecieron algunos pelos y rastros de sangre. Los análisis realizados no consiguieron identificar los pelos, y atribuyeron a la sangre un origen vagamente [sic] humano.
Desde 1989, la periodista británica Deborah Martyr ha realizado varias expediciones a Sumatra para tratar de encontrar al orang pendek, con escaso éxito. Ha recogido huellas semejantes a las de un niño de siete años, aunque más anchas y con el dedo gordo más prominente.
En 2002, tres exploradores británicos, Adam Davies, Andrew Sanderson y Keith Towley, recogieron huellas y muestras de pelo en el oeste de Sumatra. Del análisis de los pelos, realizado en la Universidad Deakin de Melbourne, se ha concluido que pertenecen a una especie desconocida de primate.

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